martes, 10 de febrero de 2009

Terror ácido. ORGANIK impresiona con Malditas

Artículo publicado en la revista La Teatral. Junio de 2008.

MALDITAS

El año pasado Alberto Saavedra paseó por varios festivales unas extrañas esculturas-maniquíes, basadas en la película "El pueblo de los malditos", de unos niños rubios, pecosos y perfectos, con una mirada inquietante y una expresión de mala leche. Toda una imagen de pesadilla. Ahora, esta imagen cobra vida de mano de ORGANIK y "Malditas", añadiendo a siete de estas esculturas, cuatro bailarinas, perfectamente caracterizadas, y una desquiciada y delirante cuidadora, que, evidentemente, perdió la cordura ante la crueldad silenciosa de los ñiños. La compañía de danza tenía en su mano un gran reto: lograr una transición natural entre las pétreas criaturas de Saavedra y las bailarinas de carne y hueso, dotadas de movimiento, capaces de transmitir las mismas dosis de inquietud y de terror. Finalmente, la recreación amplifica con creces las intenciones originales, a partir de coreografías deliciosamente cuadriculadas y de una sucesión de miradas, gestos y expresiones de falta de inocencia. ORGANIK ha sabido sacar partido del poder sugestivo del contacto directo con el público, trabajando con algo tan complicado como el terror, siempre desde una perspectiva socarrona y cínica, como la propia mirada de los "malditos", y dejando claro que las artes escénicas tienen un universo por explorar en este ámbito. "Malditas" muestra cómo el poder del intérprete sobre el público se multiplica, algo que en mi caso fue favorecido por el magnífico y boscoso entorno del parque Campo Grande de Valladolid (programadores: busquen lugares solitarios; espectadores: arrímense a las primeras filas). Además, la iluminación, fría y plana, siempre lateral, y una música brillante, además de algunos trucos técnicos que no desvelaremos, ayudan de forma contundente a hacer de "Malditas" un espectáculo de atmósferas inolvidables.

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